Humo guardado
Tardamos menos de siete minutos en llegar a la casa, no dejó en la esquina y Alejandro Siguió con él. Abrimos la puerta y con esfuerzo subimos la maleta. Ya arriba aún escuchábamos el brrshshhs pshsh bumpashshs del taxi que se aljaba cada vez más. Entramos al departamento, prendimos la luz, y despejamos la mesa, coloqué la maleta encima y como un niño que acaba de desenterrar un tesoro me preparé para abrirla, apreté las hebillas para abrirla.
Mi emoción llegó al límite y entonces sentí un intenso olor. Por suerte no era a muerto, era un olor a cigarro, como si alguien hubiera guardado todo el humo y las colillas que fumo durante su vida y las hubiera metido ahí.
Empezamos a sacar cosas, un par de tenis, unas sandalias de playa, quitaesmalte, cotonetes, vestidos, faldas, papeles como los que usan las vendedoras por catálogo y más ropa. Definitivamente no había un muerto, no había una bomba y tampoco había un tesoro, sólo había ropa, que ni si quiera parecía pertenecer a alguien real porque era imposible imaginar a la dueña de esas cosas con tan poca información personal. Sacamos todo y Aldo dijo –mejor devolvámosla a la calle.- Estaba pálido, Aldo nunca se pone pálido. Me paso una canasta con conchas y caracoles de mar y en medio había un saquito de terciopelo morado muy pequeño, al abrirlo saque piedras de colores y dientes. ¿De qué o de quién? No lo sé. Pero tuve la sensación de que habíamos hecho algo mal, de que el dueño de los dientes nos buscaría. Entonces entendí que la habían perdido y que tampoco era una trampa. Alguien se quería deshacer de ella. O era un ritual de despedida, no lo sé, pero sé que no era nada bueno.
Metimos todo de nuevo en la maleta y la cerramos, decidí quedarme con la bolsa de cotonetes porque siempre vienen bien para cualquier cosa. Dejamos la maleta en la esquina y volvimos a casa. Hubiera querido quedármela siempre quise una maleta como esa, de ese tamaño, de ese color, de esa época, pero no era para mí.
Antes de irme a dormir a las 2 am me asome a la ventana para despedirme de la maleta, pero ya no estaba, alguien paso por ahí y se la llevó.
Solo nos quedó el olor a humo viejo, humo de hace tiempo, de cuando la gente usaba sombrero y viajaba en barcos de vapor.