Nat King Cole y el misterioso taxi de medianoche
Salimos después de las doce así que teníamos que tomar un taxi. Pero Alejandro dijo que su amigo taxista pasaría por él y que nos podía llevar. Mientras esperábamos que llegara el misterioso amigo del taxi no pude dejar de notar que Alejandro miraba fijamente la maleta.
– Y… ¿por qué traen una maleta eh?- preguntó intrigado.
-La hemos encontrado en la calle cuando veníamos hacia acá y como no teníamos tiempo para dejarla en la casa hemos decidido traerla.
-Es muy hermosa, pero ¿qué tiene adentro?
-Pues, aún no la abrimos, pesa mucho.- Alejando nos miró como si estuviéramos locos y dio un paso hacia el otro lado pero después de un rato volvió a preguntar – ¡¿Y si tiene una cuerpo y por eso pesa tanto?!
-Si tuviera un muerto, en primera tendría que ser uno muy pequeño, en segunda olería algo mal y hasta ahora no hemos sentido ningún olor extraño.
-¿Y si es una maleta bomba?- Dijo Alejandro a modo de broma pero al mismo tiempo muy en serio.
-En ese caso, ya nos jodimos ha ha pero….- La plática fue interrumpida por un extraño ruido que venía de lejos. Era como una mezcla entre despegue de avión, taladros, un grupo de motociclistas y explosiones. Nos quedamos en silencio, escuchando aquel caos que se acercaba a nosotros y de repente Alejando dijo – ¡Eh! Ahí viene Charly escucho su taxi.
Aldo y yo nos volteamos a ver como diciendo pus ya que. Y vimos como aparecía a lo lejos un Tsuru a medio pintar que de taxi tenía poco. Deseé que ese no fuera su amigo, pero obviamente lo era, se detuvo de golpe y subimos. Por dentro era como un santuario a equipos de football, santos, cantantes y personajes del cine mexicano. Todo aquello parecía aún más extraño bajo la molesta luz morada que iluminaba el interior del taxi. De hecho bajo esa luz todos nos veíamos inquietantemente extraños. Hasta la maleta se veía diferente. La llevaba sobre las piernas y el peso me estaba matando, ¿qué demonios había ahí dentro?
El sujeto que conducía debía de estar en la primera mitad de la veintena, era gordo y con poco cabello, escuchaba una canción de Nat King Cole de hace ya muchos años que es parte del soundtrack de “In the mood for love” de Wong Kar Wai
“…Aquellos ojos verdes
Serenos como un lago
en cuyas quietas aguas
un día me miré.
No saben las tristezas
que en mi alma han dejado
aquellos ojos verdes…”
Esa canción me enloquece, pero creo que en gran parte mi fascinación se debe a la película más que a la canción en sí. Era extraño que en un momento como ese escuchara esa canción, pero pensándolo bien, todo esa noche era extraño